

Un mar de pañuelos celestes y blancos agitándose al viento, el murmullo de los rezos que se mezcló con el motor de las lanchas sobre el Paraná y ese sapucay brotó del pecho cuando las imágenes de la Virgen de Itatí y Virgen de Caacupé se encontraron.
La localidad de Itatí volvió a convertirse en el epicentro de una de las manifestaciones de fe colectiva más conmovedoras del país, al conmemorarse el 126° aniversario de la Coronación Pontificia de su Virgen Morena.
Para el correntino, la devoción no es un acto pasivo que se vive dentro de cuatro paredes. Es una experiencia física, comunitaria y profundamente ligada al territorio. Así quedó demostrado desde temprano en el río Paraná, cuando decenas de fieles escoltaron a la Virgen en su tradicional encuentro fluvial con la Patrona del Paraguay. En ese abrazo se sintetizó una historia de hermandad que no entiende de fronteras políticas, sino de vivencias compartidas a ambos lados del río.

Detrás de la multitudinaria misa en la Basílica y de las postales de los funcionarios, el verdadero sostén de esta festividad fueron las miles de almas. Son las familias que caminan días enteros bajo el frío o el sol, los promeseros que cargan sus cruces con silenciosa dignidad y las generaciones enteras que se transmiten, de abuelos a nietos, el orgullo de ser parte de "la fe que camina".
Es este valor intangible el que ahora busca el reconocimiento internacional. Desde el Gobierno provincial confirmaron que avanzan a paso firme las gestiones ante la UNESCO para declarar a la centenaria peregrinación que une San Luis del Palmar con Itatí como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
La marea humana que colmó la localidad participó de esta demostración de fe bajo el lema: "Junto a María de Itatí, somos testigos de esperanza y alegría". La misa central que fue presidida por monseñor Adolfo Larregain a la que asistieron funcionarios provinciales y una multitud para celebrar a nuestra Virgen Morena.
Fuente: Diario Época